Otra vez, el traductor y editor Jean Pierre Bernès habla sobre Jorge Luis Borges y causa revuelo. Ahora, quien trabajara codo a codo con Borges en la edición de sus Obras Completas en la colección La Pléiade, acaba de publicar J.L Borges:La Vie Commence (J.L. Borges: La Vida Comienza) un relato de 115 páginas sobre su amistad con el autor. El francés se sienta en su morada de Arcachon, al sudoeste de Francia a contar detalles del libro.
“Era un hombre feliz, gracias a los libros. No era un atormentado. En Ginebra, pocos días antes de morir, me dijo riéndose: ‘¡Qué razón tenía Quevedo, cuando dice en un poema que la vida comienza con sollozos y con caca. Y así también termina’, me dijo Borges entre risas”.
Bernès subraya su vínculo con el escritor. “Me condenó a ser su memoria”, afirma. “Su última frase para mí, poco antes de morir, fue ‘gracias por todo, usted me ayudó a morir en literatura. No tengo nada para legarle, pero lo condeno a ser la memoria de Borges’”.
El traductor conoció a Borges una tarde porteña de 1975, “en un jardín lleno de aires de tango y jacarandaes en flor”, cuando Bernès había sido nombrado agregado cultural de la Embajada de Francia en Buenos Aires. A dicho encuentro, Bernès llamó “el más importante de mi vida” además de describirlo como “lleno de complicidad inmediata” entre él, Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. “Siempre estaban jugando, riéndose, inventando apodos crueles. Yo los llamé ‘les enfants terribles’”, dijo.
¿Qué pensaba Borges de sí mismo? “Ninguna falsa modestia”, dice con una sonrisa cómplice Bernès. “Una vez que pasaba revista a la literatura universal, le pregunté: ‘Y en la lengua española, entre Cervantes y usted, ¿a quién incluiría?’ Me miró y me respondió: ‘Creo que la lista no sería muy larga’”.
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