Navidad: Cuentos, poesías, villancicos, historias y leyendas.

Presentamos una recopilación de textos y música para esta Navidad que ya está llegando. Cuentos, libros, villancicos, leyendas e historias que forman parte de la cultura inicial que hacen a este celebración, en un principio religiosa,  en la festividad más importante de Occidente. Con el espíritu navideño a flor de piel, nuestra intención es compartir escritos desde la literatura que se comparten para estas fechas y ya son parte de la tradición popular.

CUENTOS
“Cuento de Navidad” de Ray Bradbury

“El cuento de navidad de Auggie Wren” de Paul Auster

“Un árbol de Noel y una boda” de Fedor Dostoievski

“Un recuerdo navideño” de Truman Capote

LIBROS
“Un cuento de navidad” de Charles Dickens en PDF

“Navidades trágicas” de Agatha Christie en PDF

VILLANCICOS
La historia de los Villancicos

16 Villancicos populares en PDF

14 villancicos populares en MP3 y Karaoke navideño para descargar

HISTORIA, LEYENDAS y TRADICIÓN
La verdadera historia de Papá Noel

La historia del Árbol de Navidad

La tradición del Pesebre

La oficialización de la Navidad y el nacimiento de Jesús

Cuentos de Fútbol Argentino de Roberto Fontanarrosa

Cuentos de Fútbol Argentino de Roberto Fontanarrosa

La Barrera

Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco. Hay botellas debajo de la pileta. Ya la otra vez cagó una. Y dos sifones. El blindado no es nada, pero el otro puede reventar, y los sifones revientan y los pedacitos de vidrio saltan y se meten en los ojos de uno. Bien juntas las macetas de la barrera. El arquero muy nervioso. Miguel Tornino frente al balón. Atención. El rubio Miguel Tornino frente al balón. Una mano en la cintura. La otra también. La mano sacándose el pelo de la frente. La transpiración de la frente. De los ojos. Hay silencio en el estadio. Es la siesta. Hasta el Negro se ha quedado quieto. Resignado a ser simple espectador de ese tiro libre de carácter directo que ya tiene como seguro ejecutor a Miguel Tornino, que estudia con los ojos entrecerrados el ángulo de tiro, el hueco que le deja la barrera, la luz que atisba entre la pierna derecha del recio mediovolante de la visita y la pata de portland de la maceta grandota del culantrillo. Un solo grito en el estadio: Miguel, Miguel. El público de pie ante ésta, la última oportunidad del Racing Club cuando sólo faltan dos minutos para que finalice el match. Habrá que apurarse antes de que vuelva a adelantarse la barrera o el Negro insista en morder la pelota y hacerla cagar como el otro día que la pinchó el muy boludo. Sonó el silbato. Habrá que pegarle de chanfle interno. La cara interna del pie diestro de Miguel Tornino, el pibe de las inferiores debutante hoy le dará al balón casi de costado, tal vez de abajo, con no mucha fuerza pero sí con satánica precisión para que ese fulbo describa una rara comba sobre la cabeza de los asombrados defensores, sobre el despeinado pirincho del helecho de la segunda maceta y se cuele entre el travesaño, el poste, el postrer manotazo de la lata de aceite Cocinero que se ha lucido hasta el momento. ¡Tiró Tornino…! y… se hizo mimbre en el aire el arquero ante el latigazo insólito de curva inesperada y con la punta de los dos dedos allá voló la lata a la mierda, carajo que ladra el Negro, sí mamá… sí la guardo… está bien… pero mirá vos cómo la viene a sacar este guacho.
Lee el resto de esta entrada »

El Cascanueces
E.T.A. Hoffmann

LA NOCHEBUENA

El día 24 de diciembre los niños del consejero de Sanidad, Stahlbaum, no pudieron entrar en todo el día en el hall y mucho menos en el salón contiguo. Refugiados en una habitación interior estaban Federico y María; la noche se venía encima, y les fastidiaba mucho que -cosa corriente en días como aquél- no se ocuparan de ponerles luz. Federico descubrió, diciéndoselo muy callandito a su hermana menor -apenas tenía siete años-, que desde por la mañana muy temprano había sentido ruido de pasos y unos golpecitos en la habitación prohibida. Hacía poco también que se deslizó por el vestíbulo un hombrecillo con una gran caja debajo del brazo, que no era otro sino el padrino Drosselmeier. María palmoteó alegremente, exclamando:

Lee el resto de esta entrada »

Un extraño relato de Navidad
Guy de Maupassant

El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:

-¿Un recuerdo de Navidad?… ¿Un recuerdo de Navidad?…

Y, de pronto, exclamó:

“-Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena.

“Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos.

“¿Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.

“Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino.

“Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville.

“Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca.

“En una sola noche se cubrió toda la llanura.

“Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos.

Lee el resto de esta entrada »

Escrito por Ernesto Sábato

Era a mediados de los veinte cuando Edelmiro Calvo se dirigió el primer día de clases hacia el pizarrón. Cubriendo de polvo blanco el ambiente, demostró en toda su pureza el primer teorema del año. Ernesto conoció ese día, sin saberlo, la perfección del mundo platónico. Lejos de las negras intuiciones humana, de lo orgánico que lo conforma. El niño de Rojas, vivía entonces en la calle 61 de La Plata, en tumbos pendulaba entre el caótico romanticismo y el orden de las matemáticas. Orgías de celulosa pasaban por sus ojos cuando bailaba cada tarde en aquellas bibliotecas tan de barrio.
Fue en 1927 que conoció la otra cara de la moneda. Los vicios y las pasiones humanas. Ernesto compartía curso con algunos hijos de obreros y emigrantes socialistas, como Grinfild, Prina y Hilda entre otros. Grandes discusiones se acontecían sobre anarquismo y marxismo entre trompadas y abrazos. Aquellos enfrentamientos no terminaban hasta altas horas de la madrugada. En una de ellas, un par de brillantes ojos lo admiraban mientras explayaba la labia como si supiera de lo que hablaba. La dueña de aquellos ojos sería Matilde, quien se apoderaría, en poco tiempo, del resto de su vida.
En 1930 los marxistas lograron convencerlo de lo utópico del anarquismo, y que sólo de la mano del comunismo llegarían a la revolución, como sucediese en 1917 en el mundo de Tolstoi y Dostoievsky. Después de dejar sus estudios en matemáticas, se afilió al la Juventud Comunista, donde llegó a ser secretario. En la dictadura de Uriburu, se mudó de La Plata y de nombre. Puesto que se convirtió en militante, clandestino y perseguido, también se convirtió en Ferri, derivado del apellido de su madre, Ferrari. Entre Matilde de diecinueve y la utopía de toda una generación pasó sus desventuras contra el desamparo, la angustia y la injusticia.
En esos años el joven Ferri sostenía que la dialéctica que recibimos de Hegel tenía aplicación en el espíritu, pero jamás en la naturaleza, por lo que la dialéctica materialista sería insostenible. Esto trajo gran preocupación entre las filas del Partido, por lo que resolvieron, en 1935, mandar al “desviado” a las Escuelas Leninistas de Moscú, lo que significaban dos años en tierras estalinistas.
Lee el resto de esta entrada »

El diario a diario   Julio Cortázar

Un señor toma un tranvía después de compara el diario y ponerselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

Julio CortázarHistorias de Cronopios y Famas

Para Gloria Dunphy

Primero, un breve preámbulo autobiográfico. Mi madre, mujer excepcionalmente inteligente, era la chica más guapa de Alabama. Todo el mundo lo decía, y era verdad. A los dieciséis años se casó con un hombre de negocios de veintiocho que provenía de una buena familia de Nueva Orleáns. El matrimonio duró un año. Ella era demasiado joven tanto para ser madre como para ser esposa; era además demasiado ambiciosa: quería ir a la universidad para tener una carrera. De modo que dejó a su marido; y, por lo que a mí se refiere, me puso al cuidado de su numerosa familia de Alabama.
Durante años, rara vez vi a ninguno de mis padres. Mi padre tenía asuntos en Nueva Orleáns, y mi madre, tras graduarse, empezaba a abrirse camino por sí misma en Nueva York. En lo que a mí me concernía, ésta no era una situación desagradable. Era feliz donde me hallaba. Tenía a muchos parientes amables conmigo, tías y tíos y primos y, especialmente, a una prima ya mayor, con el pelo canoso, una mujer ligeramente tullida llamada Sook. Miss Sook Faulk. Tenía otros amigos, pero ella era, con mucho, mi mejor amiga.
Fue Sook quien me habló de Papá Noel, de su barba abundante, su traje rojo y su ruidoso trineo cargado de regalos, y yo la creí, del mismo modo que creía que todo era voluntad de Dios, o del Señor, como siempre le llamó Sook. Si tropezaba, o me caía del caballo, o pescaba un gran pez en el riachuelo, bueno, para bien o para mal, todo era por voluntad del Señor. Y eso fue lo que dijo Sook al recibir las alarmantes noticias de Nueva Orleáns: mi padre quería que yo fuera a pasar con él la Navidad.
Lee el resto de esta entrada »

69 escritores homenajean a Poe a 200 años de su nacimientoUna edición especial de los “Cuentos Completos” de Edgar Allan Poe ha reunido a 69 escritores españoles y latinoamericanos cada uno de los cuales presenta o prologa uno de los relatos del maestro norteamericano, del que hoy se cumple el bicentenario de su nacimiento.
La editorial Páginas de Espuma ha decidido rescatar la traducción que el argentino Julio Cortázar hizo de los “Cuentos Completos” del maestro norteamericano, dotarla de prefacios del mexicano Carlos Fuentes y del peruano Mario Vargas Llosa, en una edición preparada por el también mexicano Carlos Volpi y el peruano afincado en Sevilla Fernando Iwasaki.
Además de con los textos de Vargas Llosa y Fuentes, la edición se completa con la intervención de otros 67 escritores españoles y latinoamericanos, cada uno de los cuales se encarga de la introducción a cada uno de los relatos de Poe.
La condición, explicó a Efe Fernando Iwasaki, es que cada uno de estos escritores haya publicado al menos un libro de relatos, ya que esta edición no pretende ser sólo un homenaje a Poe sino también al género corto.
Iwasaki, irónico, comentó que esta edición “ha conseguido algo que en España no admiten ni las universidades, ni las academias, ni los críticos, ni las antologías; a saber, mezclar autores españoles y latinoamericanos en torno a la obra de un escritor anglosajón.”
“Una iniciativa semejante habría movilizado en España al menos a tres departamentos de la Facultad de Filología: Literatura Española, Literatura Hispanoamericana y Literatura Inglesa; algo imposible e impensable”, siguió ironizando el escritor peruano.
Los comentarios o prólogos a los 67 cuentos de Poe han sido elaborados por 29 narradores españoles y 38 latinoamericanos y, explicó Iwasaki, “gracias al correo electrónico, esta edición madrileña pudo gestarse desde Sevilla y México D.F.”
Lee el resto de esta entrada »

noviembre 23rd, 2008Deshoras – Julio Cortázar

Ya no tenía ninguna razón especial para acordarme de todo eso, y aunque me gustaba escribir por temporadas y algunos amigos aprobaban mis versos o mis relatos, me ocurría preguntarme a veces si esos recuerdos de la infancia merecían ser escritos si no nacían de la ingenua tendencia a creer que las cosas habían sido más de veras cuando las ponía en palabras para fijarlas a mi manera, para tenerlas ahí como las corbatas en el armario o el cuerpo de Felisa por la noche, algo que no se podría vivir de nuevo pero que se hacía más presente como si en el mero recuerdo se abriera paso una tercera dimensión, una casi siempre amarga pero tan deseada contigüidad. Nunca supe bien por qué, pero una y otra vez volvía a cosas que otros habían aprendido a olvidar para no arrastrarse en la vida con tanto tiempo sobre los hombros. Estaba seguro de que entre mis amigos había pocos que recordaran a sus compañeros de infancia como yo recordaba a Doro, aunque cuando escribía sobre Doro no era casi nunca él quien me llevaba a escribir sino otra cosa, algo en que Doro era solamente el pretexto para la imagen de su hermana mayor, la imagen de Sara en aquel entonces en que Doro y yo jugábamos en el patio o dibujábamos en la sala de la casa de Doro.
Lee el resto de esta entrada »

Alejandra Pizarnik

-Esa de negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se asemeja a Mme. Lamort -dijo.
-No es posible, pues en París no hay tranvías. Además, esa de negro del tranvía en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: no solo no hay tranvías en París sino que nunca en mi vida he visto a Mme. Lamort, ni siquiera en retrato.
-Usted coincide conmigo -dijo-, porque tampoco yo conozco a Mme. Lamort.
-Quién es usted? Deberíamos presentarnos.
-Mme. Lamort -dijo-. ¨Y usted?
-Mme. Lamort.-Su nombre no deja de recordarme algo -dijo.
-Trate de recordar antes de que llegue el tranvía.
-Pero si acaba de decir que no hay tranvías en París -dijo.
-No los había cuando lo dije, pero nunca se sabe que va a pasar.
-Entonces esperémoslo puesto que lo estamos esperando.

Especial Día de la Memoria - 24 de marzo


Taller de escritura Poesía PDF Pablo Neruda Oscar Wilde Noticias Navidad Mario Vargas Llosa Mario Benedetti Literatura Uruguaya Literatura Latinoamericana Literatura infantil Literatura Chilena Literatura Argentina Literatura Libros Lectura Julio Cortázar José Saramago Jorge Luis Borges Homenaje Harry Potter Gratis google Gabriel García Márquez Feria del Libro Federico García Lorca Ernesto Sábato Ernest Hemingway Entrevista Ebook Descarga Cuentos Cuento Concursos literarios Cine Certámen de Poesía Certámen de Novela certámen de cuentos Certámen de Cuento Certamen de narrativa Buenos Aires Biografía argentina 2011

Para intercambiar enlaces, ven aquí.


Cogan’s Trade llega al cine de la mano de Brad Pitt
Comprar en Buenos Aires