“En todo texto donde hay belleza, hay literatura, donde no hay belleza podrá haber originalidad, profundidad, 

pero no literatura en la sola acepción digna de tal nombre”.

                                                                                                                                               Charles Du Bos

¿Qué es la literatura?

Ante tal interrogante, obtendremos múltiples respuestas según la época, los géneros, los autores. Ahora bien, si nos hacemos esa pregunta a nosotros mismos tendríamos que salir de los conceptos estrictos y llegar a lo que nos conecta con ella. Entre tal abanico  de  posibilidades,  optaré  por  decir -parafraseando a Charles Du Bos-  que la literatura es el encuentro de dos almas, no importa cuándo, quién, dónde o cómo haya sido escrita la obra. Lo relevante es que en cierto lugar, en algún momento, un escritor supo tocar el espíritu de un lector.

La naturaleza de la literatura es híbrida, no solo por sus variantes en los géneros literarios sino en términos genéricos, ya que puede existir literatura en una gacetilla de periódico, en la página de una novela, en un folletín, en un relato policíaco. Podemos encontrarla en cualquier parte porque hace alianza con todas las artes. La literatura trasciende  la palabra para revelarnos aquello que solo se puede comprender cuando el alma del autor se choca con la de quien lo lee y, así, ambos se comprometen a desenredar el mundo creado.

 

¿De qué hablamos cuando nos referimos a los libros clásicos?

Según el escritor Ítalo Calvino, los clásicos son los libros que leíste y amaste, aquellos que constituyen una riqueza que ejerce una influencia particular  y, por eso, se convierten en inolvidables. Cada vez que los releas será una lectura nueva porque la obra sigue siendo la misma, pero vos no. De esa perspectiva, el autor afirma que “toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”. Como verás, cuando hablamos de clásicos, no siempre nos referimos a genios como Homero, Cervantes, Shakespeare o Dostoievski, quienes han atravesado la cultura de sus épocas con el brillo de sus obras; a veces, un clásico -tu clásico- es aquel libro que te atravesó la vida. Vos sabés que ese clásico no te enseña precisamente algo que no sabías; a veces descubrís algo que siempre supiste (o que creías saber), pero no tenías idea de que ese escritor había sido el primero en decirlo… y es esa sorpresa lo que te satisface. Para que un libro sea un verdadero clásico hay que tener en cuenta que no importa su antigüedad, su estilo o su autor,  lo fundamental es que se establezca una relación personal entre quien escribe y quien lee, pero tenés que saber que solamente en la lectura desinteresada vas a poder llegar a tener esa conexión. 

 Fuente¿Por qué leer los clásicos?, de Ítalo Calvino.