La autora de El castillo de cristal habló sobre su libro, un exitoso best seller donde Jeannette Walls cuenta la dura infancia que vivió con sus padres. Ellos eran dos hippies que, a su manera, le enseñaron a sobrevivir.

Primero hay que saber que no es para cualquiera este libro. Quien decida adentrarse en “El castillo de cristal”, que acaba de salir en la Argentina, tendrá que soportar un diálogo como éste:

“-Mamá, ese jamón está lleno de gusanos”, dije.

“-No seas remilgada -me soltó-. Simplemente, cortale las partes agusanadas. Lo de adentro está perfecto”.

Quien se meta con esta autobiografía de la periodista Jeannette Walls, deberá vérselas, sabiendo que se trata de la vida real, con respuestas así:

“-Papá, ese asqueroso trató de abusar de mí cuando estábamos arriba”.

“-Estoy seguro de que sólo te manoseó un poco. Sé que supiste controlar la situación”.

Ok: Mamá no te alimenta y papá no se agarra a trompadas con el tipo. Y esto es solamente una muestra de la infancia de Jeannette Walls y sus tres hermanos. ¿Quién es esta chica? Hacia 2004, Walls era una conocida periodista de chismes en medios como el diario USA Today, la revista Esquire y el canal MSNBC. Una mujer alegre con un secreto bajo el glamoroso poncho: había crecido como una linyera, había comido de la basura, había ido mugrienta a la escuela, había tenido la indicación de beber agua contaminada -”así la beben los animales…”- había vivido sin calefacción, sin electricidad, sin baño. No eran carencias inevitables: era la elección de unos padres protohippies que llenaron a sus hijos de Shakespeare, arte y ciencia y les regalaron estrellas para Navidad: “Dentro de muchos años, cuando los cachivaches que les han regalado estén rotos y olvidados -aseguró papá- todavía tendréis vuestras estrellas”.

-No te calles nada, nada va a disgustarme o molestarme -dice Walls a Clarín ahora, desde su casa con campo y caballos en Virginia, donde también -en una casilla en el jardín- vive su madre. No fue siempre tan fácil hablar de ese pasado. Pero un encontronazo cambió todo. Escribe:

“Estaba en un taxi, preguntándome si no me había emperifollado en exceso para la velada cuando miré por la ventanilla y vi a mamá hurgando en la basura”. La periodista se escondió, pero sería la última vez:

-¿Por qué revisitar esos años?

-Mi madre me desafió después de ese encuentro. “Vamos, contá toda la verdad”. En el periódico me dedicaba a perseguir verdades ajenas y a escapar de las propias. Esa ironía me hizo pensar. Había intentado escribir sobre mi vida cuando era más joven, pero no pude, escribía doscientas páginas en una semana y las tiraba sin mirarlas. Pero de pronto mi madre me desafiaba a decir la verdad y a la vez me daba permiso para hacerlo. Tenía que empezar por decírselo a mi marido…

-¿Por qué en este momento?

-Porque llevaba mucho tiempo viviendo con miedo y cadenas y era mucho peso para cargar. La verdad es al mismo tiempo muy simple y muy complicada, mamá tenía razón en eso de que “la verdad nos hará libres”. Imaginé que enfrentarme al pasado me ayudaría a entender. No es simple, no es algo que se pueda explicar en un párrafo, es la historia de mi padre, hay cosas duras.

Claro. Es dura la decadencia de ese hombre brillante para las matemáticas que termina calculando apenas cuánto vodka necesita para tirar ese día. Durísimo el pa dre que habla del “castillo de cristal”, que construirá para sus hijos en algún mañana pero en este hoy puede encerrarlos en la caja de una camioneta, a oscuras, y ni se dará cuenta cuando las puertas se abran y los chicos estén a punto de ser succionados hacia la ruta. El mismo que se “roba” a Jeannette del hospital tras una larga internación (se quemó cocinando salchichas… a los tres años) y que, cuando la chica va a la universidad, lee en la biblioteca todo lo que ella tiene que estudiar, discute la bibliografía y hasta paga, con billetes de un dólar ganados al poker, los últimos 1.000 dólares que ella necesita para la carrera.

Nadie espere una historia desgarradora, sin embargo. Walls, que ahora desde Virginia lanza una carcajada en algún punto de cada respuesta, cuenta los hechos como si fueran naturales.

-¿Fue una decisión consciente la de narrar como una niña?

-Sí, y la tomé después de ver la versión inicial. Era muy mala: escribo rápido pero mal. La primera vez parecía que todo le había pasado a otro; escribí como una periodista y el relato era muy lejano. Así que decidí contar cómo me sentía entonces, contarlo de la manera en que lo había vivido. Realmente fue volver atrás y sentirme la niña que fui. Al leer el libro como un adulto pensás: “La nena no se está enterando de lo que pasa”. Quise describir a esa nena y su increíble fe en su padre; ella piensa que su padre la va a rescatar.

-Eso dura poco…

-Fui creciendo y empecé a darme cuenta de la realidad, a los trece ya no podía creer nada de mi padre.

-¿Hoy cómo describe su infancia?

-Fue mágica, casi irreal, pensaba que éramos lo mejor del mundo. Uno de los mayores talentos de mis padres fue convencerme de que tenía una vida maravillosa y darme una gran autoestima. El libro me abrió los ojos: cuando empecé a leerlo, quedé en shock: ¡Fue muy duro todo!

-¿Hay cosas que prefirió no escribir?

-Al principio no sabía si quería contar todo, mi marido me empujó. El decía: “Si tus padres no compraban comida, ¿qué comías?”. Nunca le había contado a nadie que sacaba comida de la basura, me avergonzaba. Enrojecí y dije: “No voy a contarle eso a nadie”. Y él me dijo que tenía que explicar que mis padres no se preocupaban por nuestra comida. Fue difícil escribirlo, pero ya no va a molestarme más.

-Algunas veces no se quiere exponer a otros.

-No hubiese podido escribir el libro mientras mi padre estaba vivo, realmente lo quiero, pero era un adicto, un alcohólico y un vago. También me preocupaba mi madre, pero ella sale mejor parada; no le molestó leer determinadas cosas y sí mi descripción sobre su forma de conducir. No podés saber qué le va a molestar a la gente. Ya ves, tu madre puede sorprenderte no avergonzándose de nada.

-¿Le gusta a su madre la persona en que usted se convirtió?

-Creo que me perdona por haberme convertido en una yupi. Y que está un poco emocionada por el éxito del libro. Estuve en la Casa Blanca, y mi madre odia a Bush, pero aún así estaba muy impresionada de que su hija fuera a ver al presidente.

-No hicieron mal trabajo con ustedes después de todo.

-Eso creo. Algunos lectores dicen que mis padres eran monstruos y que deberían haberles quitado a los niños. Yo creo que podés quedarte con lo bueno o con lo malo; nos educaron como hermanos y nos dieron un gran optimismo y autosuficiencia, la certeza de que podemos hacer cualquier cosa que queramos. Si aprendés eso de tus padres, no estuvo tan mal.

Por: Patricia Kolesnicov
Vía Revista Ñ

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  • 10 Respuestas en “La historia de una escritora que pasó de mendiga a millonaria”

    • Namarie Dice:

      Me ha encantado El castillo de cristal, pero me ha
      parecido un libro durísimo. El hambre que pasan esos niños,
      y la filosofía hippie de sus padres llegan a desesperar.
      Me ha gustado esepcialmente la forma que tiene Jeannette
      Walls de contar su historia desde una perspectiva infantil,
      ingenua, y sin compadecerse de sí misma en ningún momento.

    • Diegorodri Dice:

      La verdad que el libro a mi también me ha resultado conmovedor. Me ha recordado a Las cenizas de Angela en su descripción de una vida infantil muy dura pero que no pierde la belleza que le dan los ojos del niño, como dice Namarie. Resulta increíble que haya personas con esa vida a sus espaldas pero más increíble resulta que haya personas capaces de salir de esa situación tan terrible y contarnos tan bien lo vivido.

    • alexandra Dice:

      Pues sí, es una novela durísima, pero es la vida misma. A mi me parece admirable que la autora ahora que todo ha quedado atrás quiera recordarlo y, después de tantos años ocultándolo, decida publicar una novela con la historia de su vida.

    • Maemae Dice:

      Me regalaron ese libro, y al principio lo dejé un poco de lado por ser una autobiografía, pero al final empecé a leerlo y he de reconocer que me enganchó completamente… La historia de la familia Walls es durísima, con sus constantes cambios de “domicilio”, con unos padres que no se responsabilizan de sus hijos, que no tienen dinero para ropa ni para comida… A veces te olvidas de que es una historia real, y cuando te das cuenta, te quedas hecho polvo… Muy emocionante, me ha gustado mucho.

    • Eztizen Dice:

      Sin duda os doy la razón. Yo me lo acabo de leer y no dejo de recomendárselo a todo el mundo. Es una novela extraordinaria. La historia te deja con la boca abierta. Es durilla en algunos momentos pero la forma de contarlo le quita importancia. Como dicen las críticas de este libro, hay gente nacida para contar historias y hay vidas que merece la pena ser contadas. Muy recomendable

    • electra Dice:

      Me ha encantado la entrevista a Jennette Walls porque según iba leyendo el libro me hubiese gustado poder hacerle esas y otras muchas preguntas que surgen a leer una historia tan increíble. Está claro que esta mujer ha hecho en El castillo de cristal un ejercicio de honestidad admirable.

    • Criscortes Dice:

      Yo estoy leyendo ahora El castillo de cristal y me está
      emocionando bastante. Me encanta como lo cuenta, con el
      tono inocente de Walls cuando era niña y vivía muchas de
      esas experiencias tan únicas, para lo malo y para lo bueno

    • Marango Dice:

      He leído rapidísimo el Castillo de Cristal. Sin duda es una historia que dará que hablar. Creo que nunca antes había leído una novela tan dura y más aún sabiendo que se trata de la vida real de la protagonista. Como suelen decir, la realidad supera la ficción y en este caso así ha sido.

    • Diegorodriguez Dice:

      Me alegro de que haya bastante gente que conozca el libro
      y le haya gustado. Estoy de acuerdo en lo que decís, sobre
      todo en lo única que es la vida de Walls.

    • ALEJANDRA Dice:

      MI MADRE COMPRÓ EL LIBRO POR QUE LE PARECIÓ QUE TENÍA SIMILITUDES CON NUESTRA VIDA, AUNQUE DEBO DECIR QUE FUE MUCHO MAS DURA LA VIDA DE JEANETTE PUEDO ENTENDER CADA SENTIMIENTO PLASMADO AHI Y A LA VEZ ESAS NO GANAS DE EXPRESARLO. ASI SUELE SER LA VIDA TE DA UNAS COSAS POR OTRAS, NADA ES IDEAL NI PERFECTO.A VECES PARA APRENDER Y SER TAN INDEPENDIENTE, TU FORTALEZA TIENE QUE SALIR DEL LUGAR MENOS PENSADO
      FELICIDADES ME GUSTO MUCHO EL LIBRO. Y A MI MAMA Y A MI HERMANA Y A MI HERMANO….

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