febrero 25th, 2008Ariel Magnus: “Googleé bastante, pero a Confucio lo había leído”
“Hace diez años que no trabajo”, dice. Y quizás en esa revelación que suelta a mitad de la charla se encuentre la razón de la pequeña contradicción con la que Ariel Magnus vive el hecho de promocionar Un chino en bicicleta, libro por el que obtuvo el premio La otra orilla 2007, de editorial Norma, y fue dotado con 30.000 dólares. Aunque está “agotado de repetir siempre lo mismo”, disfruta a la vez eso de sentirse “como un cantante de rock”. “Es algo que te pasa si ganás un premio comercial: salís en avión, te llevan a un hotel semilujoso, te sacan muchas fotos…”. Aunque eso último, remarca, no le gusta.
Magnus (Buenos Aires, 1975) estudió literatura española y filosofía en la Universidad de Heidelberg y fue becario de la Friedrich Ebert Stiftung, entre 1999 y 2005. Publicó dos novelas: Sandra (2005) y La abuela (2006). Un chino en bicicleta fue seleccionada entre 230 manuscritos, por un jurado integrado por el colombiano Santiago Gamboa, la española Nuria Amat y el argentino César Aira.
El libro comienza con la historia de un joven secuestrado por Li, un chino acusado de incendiar mueblerías. Tal personaje es en la ficción una copia de aquél chino pirómano que en 2005 fue hallado culpable de incendiar once mueblerías en Capital Federal. “Mi idea original era escribir un libro sobre inmigración china, pero me rechazaron la propuesta. Entonces decidí contar al chino pirómano. Fui al juicio oral y al ir al baño me pregunté: qué pasa si ahora el chino me secuestra. Ahí arranca el libro”.
El relato avanza hacia las aventuras que el supuesto secuestrado tiene en el Barrio Chino, por donde circula libremente en compañías ocasionales que van desde Lito Ming, “el primer actor chino”, hasta el comediante Alfredo Casero. Todo sin su secuestrador. “El libro terminó siendo otra cosa”, admite, pues durante la escritura descubrió que había demasiados elementos a justificar (“no me gusta explicar”). Por eso, cree que “el personaje no es Li, sino lo chino”.Para construir ese universo, explicó que hizo una suerte de “wok con todo lo chino” y googleó bastante. “Pero a Confucio lo había leído”, aclara.
Aunque la historia es ficción, el proceso de escritura acompañó los seis meses de proceso judicial. “No siento que escriba rápido”, dice al ser consultado por la velocidad para el acopio de material y el proceso de escritura y corrección que supone. Alertado sobre los cinco años que le llevó a Gustav Flaubert su Madame Bovary, Magnus reflexiona sobre el francés, considerado uno de los mayores exponentes de la novela moderna del siglo XIX: “Yo quiero saber qué hacía. Yo escribo todos los días”. Esa constancia, alejada de las contaminaciones con que la vida doméstica puede salpicar a la concentración y la voluntad, tiene una explicación: “Hace 10 años que no trabajo. En Alemania estaba becado y en Buenos Aires trabajo bajo pseudónimo como periodista free-lance“.
Claro que la búsqueda de esa quietud para poder producir tiene a veces como contrapartida el movimiento, como el que experimenta desde hace tres meses, cuando empezó a viajar por América latina para promocionar su libro, que será editado también en España. “Sí, eso a veces te resta. Pero ahora sí soy un escritor, en el sentido de figura pública”. En cuanto al futuro: “Ahora me tengo que concentrar en que todo siga igual. Estoy viendo si le tengo que confiar todo a la escritura o no. Espero que pase algo que me permita no trabajar. Para mí, la riqueza es tener tiempo para mí”.
Por: Gisela Antonuccio Vía: Revista ÑArtículos Relacionados














