Actualizado el 29 de mayo//

:. Para ingresar a este taller de escritura no hay que tener experiencia previa, ni haber escrito antes. Sólo hay que tener iniciativa. En la marcha iremos viendo cómo la experiencia cambia lo aprendido.
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  • somos El Taller Literario
  • Taller de escritura a distancia
  • (Feria del libro 2002 - Alejandro Dolina)

    El hombre es una perpetua víspera. Es lo que es, pero también lo que todavía no es. Vive inclinado hacia el futuro. Vive deseando y es él mismo su deseo.

    El hombre se va a morir, pero tiene apetito de eternidad. El hombre es mortal y es esa tragedia la que lo hace libre, la que lo convierte en constante posibilidad. Posibilidad de caída o de salvación. El hombre se va a morir y por eso ama, y por eso escribe poemas.

    Y tal vez el poetizar no sea más que un juicio sobre el carácter mortal del hombre. La poesía revela nuestra condición fundamental y esa condición es trágica.

    Sin embargo, no debe pensarse que la poesía es una experiencia que luego va a ser traducida en palabras adecuadas. En verdad, las palabras mismas son la experiencia. La poesía es nombrar lo que no existía. Y ahora va a existir sólo por haber sido nombrado.

    La charla de hoy se refiere a algunos aspectos de la experiencia poética, particularmente a la inspiración. Muchos artistas sienten que en el momento de la expresión alguien les canta en el oído. Oyen voces intrusas que dictan palabras inesperadas. O mejor todavía, sienten que una fuerza que les es exterior, los impulsa a cumplir con los misteriosos trabajos del arte. Algunos llaman a estas fuerzas la musa, la diosa, el espíritu, el genio. Otros hablan de razonamiento, asociaciones de la inteligencia, casualidad, circunstancias sociales o inconsciente. Nuestro propósito es examinar estos asuntos y si tenemos suerte descubrir unas relaciones, unos modestos puentes, entre el amor, la musa y la muerte.

    Para los antiguos, el artista era apenas un instrumento de la diosa. La inteligencia, la destreza, el rigor de los aprendizajes, de poco servían sin la intervención de las musas. Por eso al comienzo de cada canto pedían explícitamente una ayuda sobrenatural invocando a la diosa:

    canta diosa,

    la venganza fatal

    de Aquiles de Peleo.

    Conforme al mito griego, las musas son hijas de Zeus y de Mnemosine, es decir, la memoria. (anoten este dato porque es una clave).

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  • Alejandro Dolina
  • Roberto Bolaños

    Empezó como poeta. Admiraba la literatura expresionista alemana (aprendió francés por obligación y alemán por algo que podríamos llamar amor, y lo aprendió sin maestros, solo, como se aprenden las cosas importantes), pero posiblemente nunca leyó a Hans Henny Jahn. En las fotos de los años veinte podemos verlo con un gesto envarado y triste, un joven cuyo cuerpo casi sin aristas parece tender hacia la redondez, hacia la suavidad. Practicó la costumbre de la amistad y fue fiel, sus primeros amigos, en Suiza y en Mallorca, pervivieron en su memoria con el fervor de la adolescencia o de la memoria sin culpa de la adolescencia. Y tuvo suerte: frecuentó a Cansinos-Assens y descubrió, para siempre, una visión inédita de España. Pero volvió a su país y encontró la posibilidad de un destino. Un destino soñado por él mismo en un país soñado por él mismo. En las inmensidades americanas imaginó el valor y su sombra, la soledad inmaculada de los valientes, el día que se ajusta a la vida como un guante. Lee el resto de esta entrada »

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  • Corren buenos tiempos, ¿buenos tiempos para la poesía? Al menos en lo que a premios se refiere. Vale destacar la reivindicación de la poesía en el Premio Cervantes entregado en abril a Juan Gelman y los ecos de ello que llegaron a Buenos Aires. Pero la pregunta sigue ahí: ¿corren buenos tiempos? “Yo pienso que atravesamos un tiempo poco proclive a la poesía”. Así lo percibe Jorge Boccanera, que en lo que va de mayo se ha alzado con dos importante galardones internacionales: el Premio de Poesía Americana que entrega Casa de América de España, por su libro, aún inédito,Palma real y el Premio de Poesía Internacional de Camaiore, por Sordomuda, elegido mejor libro de poesía traducido al italiano.
    El poeta habla del premio Casa de América y recuerda que en 1976, hace más de 30 años, recibía el Casa de las Américas de Cuba, por el poemario Contraseñas. “Me han tocado premios que hacen alusión a bulines, a casas -bromeó- y llegan en momentos muy distintos. Al Casa de las Américas lo gané en febrero de 1976 y en marzo se instaló la dictadura en la Argentina. El premio me abrió puertas en muchos países y me sirvió para conectarme especialmente con Latinoamérica. Asimismo me dio una fuerte responsabilidad de trabajo”. ¿Y esté? “Este -contesta- cae sobre un libro muy especial, en el que trabajé largo tiempo. Yo pienso que al poema uno lo hace como si una voz interior le hablara al tema despertándolo. Luego empieza a hablar el poema y ahí uno se calla. Con Palma real me pasó que tardó mucho en hablar o hablaba mucho. Todavía me sigue tirando imágenes.”

    -Desde aquel primer premio hasta ahora, ¿ha cambiado la relación que tiene con la poesía?
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  • Gabriel García Márquez

    Aspiro a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras. No tienen una base científica sino emocional o sentimental, si se quiere, y se fundan en una premisa improbable: si a un niño se le pone frente a una serie de juguetes diversos, terminará por quedarse con uno que le guste más. Creo que esa preferencia no es casual, sino que revela en el niño una vocación y una aptitud que tal vez pasarían inadvertidas para sus padres despistados y sus fatigados maestros.

    Creo que ambas le vienen de nacimiento, y sería importante identificarlas a tiempo y tomarlas en cuenta para ayudarlo a elegir su profesión. Más aun: creo que algunos niños a una cierta edad, y en ciertas condiciones, tienen facultades congénitas que les permiten ver más alla de la realidad admitida por los adultos. Podrían ser residuos de algún poder adivinatorio que el género humano agotó en etapas anteriores, o manifestaciones extraordinarias de la intuición casi clarividente de los artistas durante la soledad del crecimiento, y que desaparecen, como la glándula del timo, cuando ya no son necesarias.
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  • Alejandro Dolina

    Los cirujanos, los sacamuelas, los locutores, los periodistas y los actores de teatro -que son, como se sabe, los espíritus rectores de la opinión filosófica- han dicho miles de veces que la característica más notable de nuestro tiempo es la velocidad.
    Algunas personas sensibles suelen quejarse amargamente de este hecho, afirmando que nuestros galopes existenciales levantan demasiada polvareda.
    No les falta razón a estos sofocados pensadores, deseosos de resuello. Pero hay que decir en defensa de la velocidad, que hay ocasiones en que no causa daño ninguno y hasta ayuda a hacer la vida un poco mejor. Por ejemplo, no es malo que el subterráneo tarde 20 minutos entre Chacarita y Leandro Alem, en vez de dos horas.
    Tampoco es malo reducir las tardanzas de un avión que va a París. Y es mejor curarse alguna peste en dos días que en un año.
    La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos.

    Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces.
    En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse.
    Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero.
    Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

    En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: haga el bachillerato en seis meses, vuélvase perito mercantil en tres semanas, avívese de golpe en cinco días, alcance el doctorado en diez minutos.
    Muchas veces me he imaginado estos cursos bajo la forma de una película filmada a cámara rápida, con alumnos atropellándose en los pasillos, permisos para ir al baño denegados y capítulos de la historia groseramente mutilados.
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  • Alejandro Dolina
  • Palabras: surgidos como forma de encuentro frente a la censura de los últimos años militares, las reuniones de escribas lograron afianzarse; también hay espacios en escuelas y bibliotecas.

    Tras una etapa experimental en los sesenta y un crecimiento marginal en los años duros de la última dictadura militar, el taller literario -esa marca registrada del movimiento cultural argentino- llegó a la adultez dejando atrás los encuentros más o menos clandestinos de los inicios y presentando credenciales de institucionalización.
    Aunque no existen cifras sobre el tema, otros datos permiten reconstruirlo. Por un lado, la explosión de avisos en los diarios o en revistas especializadas, los múltiples y coloridos papelitos en las carteleras de las facultades, las escuelas, las bibliotecas o los infaltables (y precarios) afiches callejeros. Por otra parte, su entrada en el circuito institucional: los talleres literarios hoy ya no son un espacio exclusivo para literatos, sino que sus propuestas ya están en las universidades, en las escuelas y en las bibliotecas.
    Según el recuerdo de los mismos escritores, los talleres literarios surgieron en Buenos Aires no sólo como una alternativa cultural, sino como una doble necesidad: la de continuar con las reuniones de literatura amenzadas por el poder militar y la de encontrar un recurso económico para aquellos que, por el mismo motivo, debieron alejarse de la enseñanza. Motivo este últimoque hoy, no ya por presiones políticas sino económicas, sigue teniendo plena vigencia.
    Las clásicas charlas literarias del café Tortoni, como en tantos otros bares de la ciudad, quedaron en el recuerdo de sus protagonistas. Aunque sobreviven algunas de ellas, ganó lugar el grupo más bien reducido, privado; el trabajo de la escritura al mismo nivel que la lectura compartida.

    ¿Qué es un taller literario?
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  • Conocí en Tokio por casualidad al escritor Tagaki-san. Nos presentaron en un círculo literario japonés, aunque después no volvimos a vernos; he olvidado las pocas palabras que allí intercambiamos, y de él sólo me quedó la impresión de que había estado casado con una rusa. Era verdaderamente sibuy (sibuy en japonés equivale a chic; su sencilla elegancia era algo que muy pocos logran poseer); extraordinariamente sencillos eran su kimono y sus ghetta (esa especie de coturnos de madera que usan los japoneses en vez de zapatos), llevaba en la mano un sombrero de paja, sus manos eran bellísimas. Hablaba ruso. Era moreno, de baja estatura, delgado y hermoso, si es que a los ojos de un europeo los japoneses pueden parecer hermosos. Me dijeron que había alcanzado la fama con una novela en la que describía a una mujer europea. Lee el resto de esta entrada »

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    Leer es, para mí, lo que para Samuel Johnson: “Todo lo que nos hace olvidar el aquí y el ahora, todo lo que nos aleja de nuestra circunstancia personal, todo lo que nos ennoblece, todo lo que nos mejora”. Y el placer privado de poseer un libro.

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  • Adolfo Bioy Casares, en un numero especial de la revista francesa L’Herne, cuenta que, hace treinta años, Borges, él mismo y Silvina Ocampo proyectaron escribir a seis manos un relato ambientando en Francia y cuyo protagonista hubiera sido un joven escritor de provincias. El relato nunca fue escrito, pero de aquel esbozo ha quedado algo que pertenece al propio Borges: una irónica lista de dieciséis consejos acerca de lo que un escritor no debe poner nunca en sus libros.

    En literatura es preciso evitar:

    1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.

    2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.

    3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
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    • Filomena de Noche: Voy a coser especialmente para ti un vestido hermoso y tierno usare de tela todos mis besos esos...
    • Antonio Rengifo Balarezo: En el arte destacan los autodidactas y no los académicos.
    • Emiliano: me gustaria recibir mas informacion del taller literario y que visiten mi pagina donde hay algunas...
    • noemi: del apellido Faure quisiera saber sobre sus raíces y si tiene familiares en Argentinanoemi
    • Romina: Muy interesante!!!!! un saludo grande


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