enero 22nd, 2008Rainer Maria Rilke
Artífice de una poesía hermética y deslumbrante, hijo de la pobreza, el desarraigo y la angustia de un ser inadaptado. Rainer Maria Rilke, acumulo a sus circunstancias vitales ademas el hecho de ser homosexual en una sociedad especialmente represiva.
Rilke, Rainer Maria (1875-1926), escritor austriaco, nacido en Praga, considerado uno de los poetas modernos más importantes e innovadores de la literatura alemana, por su preciso estilo lírico, sus simbólicas imágenes y sus reflexiones espirituales.
Primeros años
Rilke nació en Praga, el 4 de diciembre de 1875. Después de una infancia solitaria y llena de conflictos emocionales, estudió en las universidades de Praga, Munich y Berlín.
Ya con 20 años sorprende a propios y extraños con sus primeros versos de amor. Pero con los nuevos aires del no menos flamante siglo, abandona cierta tendencia simbolista para adoptar un estilo concreto y preciso: “El libro de las horas” y “El libro de las imágenes” lo legitiman. En ellos se dan cita reflexiones místicas junto con una gran variedad y riqueza de metáforas.
Sus primeras obras publicadas fueron poemas de amor, titulados Vida y canciones (1894). En 1897, Rilke conoció a Lou Andreas-Salomé, la hija de un general ruso, y dos años después viajaba con ella a su país natal. Inspirado por las dimensiones y la belleza del paisaje tanto como por la profundidad espiritual de la gente con que se encontró, Rilke se formó la creencia de que Dios está presente en todas las cosas.
Estos sentimientos encontraron expresión poética en Historias del buen Dios (1900). Después de 1900 Rilke eliminó de su poesía el vago lirismo que, al menos en parte, le habían inspirado los simbolistas franceses, y, en su lugar, adoptó un estilo preciso y concreto, del que pueden dar ejemplo los poemas recogidos en el Libro de las imágenes (1902; ampliado en 1906) y las series de versos de El libro de las horas (1905), que consta de tres partes: El libro de la vida monástica, El libro del peregrinaje y El libro de la pobreza y de la muerte.
Esta obra le consolidó como un gran poeta por su variedad y riqueza de metáforas, y por sus reflexiones casi místicas sobre las cosas.
Influencia de Rodin
En 1901 se casa con Clara Westhaff, con la que tiene una hija. Pero pronto se separan y se traslada a París, donde acto seguido conoce al escultor Rodin, para el que trabaja como su secretario de 1905 a 1906.
Rodin enseñó al poeta a contemplar la obra de arte como una actividad religiosa y a hacer sus versos tan consistentes y completos como esculturas.
Los poemas de este periodo aparecieron en Nuevos poemas (2 volúmenes, 1907-1908). Hasta el estallido de la I Guerra Mundial, Rilke vivió en París, desde donde realizó viajes por Europa y el norte de África. De 1910 a 1912 vivió en el castillo de Duino, cerca de Trieste (ahora en Italia), y allí escribió los poemas que forman La vida de María (1913), a los que después pondría música el compositor alemán Paul Hindemith, e inició la primera redacción de las Elegías de Duino (1923), obras en las que se percibe su acercamiento a la filosofía existencial de Sören Kierkegaard.
En su obra en prosa más importante, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), novela comenzada en Roma en 1904, empleó corrosivas imágenes para transmitir las reacciones que la vida en París provoca en un joven escritor muy parecido a él mismo.
Últimas obras
Rilke residió en Munich durante casi toda la I Guerra Mundial y en 1919 se trasladó a Sierre (Suiza), donde se estableció, salvo visitas ocasionales a París y Venecia, para el resto de su vida. Allí completó las Elegías de Duino y escribió Sonetos a Orfeo (1923). Estos dos ciclos son considerados como su logro poético más importante.
Las elegías presentan la muerte como una transformación de la vida en una realidad interior que, junto con la vida, forman un todo unificado. La mayoría de los sonetos cantan la vida y la muerte como una experiencia cósmica. Rilke murió el 29 de diciembre de 1926 en Valmont (Suiza), sorprendiendole la muerte como consecuencia de una infección que envenenó su sangre al cortar una rosa con la que obsequiar a su amiga. El contagio se produjo a través de la espina. Sin duda un final trágico más propio de una canción o un poema, que de un retrato costumbrista de la cotidianeidad más absoluta.
La obra de Rilke con su hermetismo, soledad, pereza llegó a un profundo existencialismo e influyó en los escritores de los años cincuenta tanto de Europa como de América. En lengua española, Rilke tuvo excelentes traductores -admiradores- como Francisco Ayala, Pablo Neruda, Gonzalo Torrente Ballester o José María Valverde.
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