enero 28th, 2008Juan Gelman


juan-gelman.jpgJuan Gelman (Buenos Aires, Argentina, 1930) tiene un profundo compromiso con la palabra poética y reconoce que su función social es dar belleza a la existencia humana; sin embargo, el poeta, exiliado de la Argentina desde los tiempos de la dictadura militar, es reconocido como un símbolo de compromiso con la justicia, que rebasa el campo literario y da un ejemplo de dignidad, para no perdonar ni tampoco odiar, sino para restaurar el tejido social destruido por la violencia ejercida desde el poder.Nacido en el barrio de Villa Crespo, Gelman es una de las voces más altas de la poesía latinoamericana. Descendiente de una familia de judíos ucranianos y rusos que se embarcaron rumbo a Buenos Aires en los primeros albores de la revolución bolchevique, vivió de muy pequeño la efervescencia de las causas sociales. En su barrio, se apoyaba con pintas a los republicanos durante la Guerra Civil española, se mantenían al tanto de lo que sucedía en la Segunda Guerra Mundial y vivieron en carne propia el Peronismo y el Golpe de Estado de 1955.

Esa misma infancia quedaría marcada por los poemas que su hermano le recitaba en ruso, por los asaltos a la biblioteca familiar donde encontraba ediciones imposibles de poetas rusos, franceses e ingleses. Asistió ahí en Villa Crespo a sus primeras milongas, donde descubrió esa “manera de conversar” que se llama tango.

A los ocho o nueve años pergeñó sus primeros poemas, que se publicaban en una revista local. Encontró en la poesía de Cesar Vallejo el estilo conversacional y coloquial que él mismo experimentaría y reconoció en el estilo sin puntuación de la poesía surrealista francesa una nueva forma de comunicar. Así, Gelman comenzó una búsqueda constante por el lenguaje trascendente e íntimo, que abre un nuevo camino para la poesía que se compromete con la palabra y con el sentir social.

La poesía, para Gelman, no es mas que una forma en que el artista plasma sus obsesiones internas, que él asegura se repiten a lo largo de su escritura —la niñez, la muerte, la revolución, el amor, el otoño—, pero que van encontrado nuevos cruces, ángulos, espejos en sí mismas que son los que determinan la creación poética. Él mismo explica esa relación entre la obsesión y la búsqueda de los instrumentos poéticos para transmitirla:

“A veces la búsqueda empieza de modo doloroso, porque hay que romper por un lado con los instrumentos que se han acumulado con la obsesión anterior; por otro lado hay que buscar los nuevos, ya que la nueva obsesión es diferente, es otra. A medida que se va conquistando el dominio de los instrumentos de expresión, la obsesión se va apagando. Es el proceso mas o menos constante en mi escritura que también conoce baches, tiempos de no escritura, porque no es posible sentarse a escribir poesía. O la señora te visita o no te visita. Esto es así”.

Publicó su primer poemario, Violín y otras cuestiones,en 1956, con un prólogo escrito por Raúl González Tuñón, de quien Gelman recuerda permanentemente la frase de que “la poesía, como la paz, es una e indivisible”.

En 1972, en plena dictadura militar, colaboró como editor en la revista Crisis junto a Eduardo Galeano. Más tarde formaría parte de un grupo revolucionario denominado Montoneros. En 1976, ante el acoso de la autoridad, tuvo que decidir entre sumergirse en la clandestinidad dentro de las fronteras de su país o salir exiliado. Eligió lo segundo, con la consigna de desde fuera, desnudar al mundo el rostro sangriento de la dictadura.

Esa militancia activa no sería perdonada. Muchos de sus compañeros poetas murieron asesinados. El golpe más doloroso, lo recibió cuando el gobierno militar le arrancó a su hijo y a su nuera (con un embarazo de siete meses), que fueron secuestrados por los servicios de inteligencia y pasaron a formar parte de la larga lista de los Desaparecidos. Muchos años después, encontraron el cadáver de su hijo enterrado en un tambo y con un tiro en la nuca. El cuerpo de su nuera jamás fue recuperado y el destino de su nieta sería incierto durante casi 30 años.

Luego de esa experiencia, Gelman, en vez de transgredir o negar su tragedia, optó por asimilarla, tragarla y rescatar con la palabra poética el dolor para ponerlo en la superficie. Poemarios como Cólera buey, Gotán y Hacia el sur, entre muchos otros, han probado ser la expresión mas pura de la tragedia de un poeta que forma parte fundamental del proceso de recomposición del tejido social destruido durante la dictadura argentina. En ese tiempo, Gelman escribía:

Vámonos con la perra a otra parte
no se tiene derecho a molestar
nuestro solo derecho es empezar
bajo la luz del sol serrano

La primera parada del exilio de Gelman fue Italia, donde escribió Si dulcemente (poemas del exilio). Luego fue a Madrid y a París. Finalmente se instaló en México, donde aún reside, sin esperanza de vivir de nuevo en Argentina, por un tremendo romanticismo: “Volver, vuelvo todos los años, pero no para quedarme. La pregunta para mí no es por qué no vivo en la Argentina sino por qué vivo en México. Y la respuesta es muy simple: Porque estoy enamorado de mi mujer, eso es todo”.

Dos de los libros más desgarradores de Gelman, que a la vez son un testimonio tanto humano como literario son Carta abierta (1980), donde entabla una conversación con su hijo muerto y Carta a mi madre (1989), escrita en Ginebra, que es un texto del profundo dolor del poeta, que busca redimirse, encontrarse a sí mismo para salvarse de la muerte. En una confesión del poeta a Dionicio Morales, decía haber terminado ese texto sin saber quien era, al grado de tener que tomarse una fotografía para reencontrarse en ella.

En esa misma confesión a Dionicio Morales, el poeta enfrentaba su tristeza: “Tengo muchos motivos de tristeza interior y exterior, como cualquier persona; pero eso no me quita que viva esperanzado y consolado. La poesía es un gran consuelo. Recuerdo un poema chino, anónimo, escrito hace 3 mil 500 años: Un pastor cuida el rebaño, con un frío intenso, lejos de su mujer que está en el hogar e imagina al lado del fuego, cosiendo; el último verso dice: Él escucha el ruido de sus tijeras bajo la noche profunda. El hecho de que ese poema se haya escrito hace tantos años y todavía nos emocione, quiere decir que hay un tejido humano imposible de romper, una capacidad de belleza imposible de aniquilar. Después, cada cual con sus dolores se las arregla como puede”.

Cuando Gelman escribe, asegura que todo comienza “con un ruido detrás de la oreja. Luego me pongo de mal humor”. Es entonces que la labor del poeta va encontrando su propio camino, que busca el milagro expresivo de la palabra, que intenta apresar lo inapresable y acercarse lo más posible a la precisión:

“El creador, el poeta, está del otro lado del mostrador y conoce en general su fracaso. Por lo menos en mi caso es así; yo creo que ha sido todo el tiempo un intento de expresión en el que pocas veces he alcanzado la felicidad o la dicha. Es una lucha interminable. Creo en definitiva que el poema es posible. Atrapar la poesía, no. Por eso se escribe, porque hay una terquedad en tratar de apresarla como si se pudiera”.

Gelman ha continuado con su labor poética, desentrañando sus obsesiones y poniendo en práctica los instrumentos que encuentra en el camino poético, que es en sus palabras, “un lenguaje calcinado, es como el último resto que se asoma de esa gran hoguera que mueve a escribir. Precisamente, lo que la poesía toca, roza o procura, son esos significados que yacen en abierta oscuridad”. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía de Argentina.

La experimentación de Gelman, lo ha llevado incluso, a inventar traducciones de poetas ficticios, en divertimentos literarios como Traducciones o Los poemas de Sydney West, textos profundamente apreciados por el escritor.

En 1999, Gelman conmovió y movilizó al mundo intelectual desde su columna en el diario argentino Página 12, cuando en una carta abierta comenzó la búsqueda de su nieta, de quien sabía que había sido entregada en su nacimiento a una familia uruguaya que simpatizaba con la dictadura militar. Con nombres y apellidos, Gelman solicitó al gobierno del presidente Julio María Sanguinetti iniciar la búsqueda como un ajuste de cuentas con el pasado.

Su misiva tuvo eco en todos los rincones del mundo. Desde Europa y América, llovieron cartas al presidente uruguayo, incluidos varios premios nóbeles de literatura y de la paz. La lucha de Gelman por encontrar a su nieta se convirtió en un símbolo de dignidad, tenacidad y esperanza para encontrar justicia; una forma de militancia que tenía que ver con la ética personal que se transformó en una expresión de dignidad colectiva.

En el año 2000, cuando Sanguinetti dejó el poder, el recién llegado presidente Jorge Battle, formalizó las investigaciones, reunió a Gelman con su nieta hasta entonces desconocida y el poeta fue declarado ciudadano ilustre de Montevideo.

En prosa, Gelman ha escrito Ni el flaco perdón de Dios, un trabajo periodístico que recaba testimonios de las familias argentinas que sufrieron la pérdida de familiares secuestrados por el gobierno militar; y Prosa de prensa, un compilado con los escritos que ha publicado desde su columna en Página 12.

Desde el año 2000, en que el poeta llegó a los 70 años, ha recibido premios que son un justo reconocimiento a la huella e influencia de sus versos en la creación poética. Ha recibido el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe (2000), y el Premio Ramón López Velarde —único extranjero en recibirlo— (2004). En el 2005 ha recibido el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, el Premio Reina Sofía en España, y este mismo año el Encuentro de Poetas del Mundo Latino estuvo dedicado a su persona.

Sobre la poesía y las utopías, temas que liga de manera sutil en su poesía, Gelman declara:

“Jamás la poesía de la tierra se extingue, dijo John Keats, y dijo una gran verdad. A cada generación, en cualquier lugar del mundo, surge un nuevo poeta para probarlo. Sólo sé que no se puede mutilar el deseo a los seres humanos. El deseo genera sueños, de manera que lo utópico es pensar que no a va a haber nuevas utopías”.

Para seguir navegando:
http://www.juangelman.com

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