enero 2nd, 2008Gustavo Adolfo Bécquer


Gustavo Adolfo BécquerGustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1836. Su nombre original era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, pero el poeta adoptó el segundo apellido paterno, Bécquer (originalmente un nombre flamenco, Becker). Su padre fue un estimable pintor sevillano cuyos antecesores habían emigrado a España en el siglo XVI. El hermano del poeta llegó a ser un reconocido pintor y realizó el retrato más conocido de Gustavo Adolfo.
En 1846 se murió el padre de Bécquer y se ingresó a su hijo en un internado para huérfanos de familias nobles sin recursos económicos. Inició estudios de Náutica que no prosiguió. Durante este período compuso con su amigo Narciso Campillo un drama y una novela. En 1847 se murió la madre de Bécquer y él se fue a vivir con su madrina, quien tenía una biblioteca copiosa de la cual disfrutaba el futuro poeta.
Bécquer se hizo aprendiz de un pintor en 1850 y dos años después continuó sus estudios de pintura en el taller de su tío Joaquín. A los 18 años, en 1854, Bécquer dejó sus estudios de pintura y se trasladó a Madrid. Allí, en 1855, dedicó un poema a una gran figura de la Ilustración española: “A Quintana”; también terminó una fantasía, “Corona de oro.” En 1856 escribió con su amigo García Luna una comedia, La novia y el pantalón. El año después terminó la primera entrega de su Historia de los Templos de España y con García Luna escribió la zarzuela La venta encantada (esta última obra la firmó Bécquer con el seudónimo Adolfo García). A los 21 años se enfermó de tuberculosis; no recobraría nunca por completo la salud.

Durante gran parte del siglo XIX las páginas literarias de los periódicos y revistas atrajeron a muchos lectores. Bécquer publicó muchos de su escritos en periódicos como El Contemporáneo, El Museo Universal, El Porvenir, La España Artística y Literaria, La Iberia y La Ilustración de Madrid. Para 1858 Bécquer había terminado la quinta entrega de su Historia de los Templos de España. En ese mismo año contrajo una enfermedad grave. Sin embargo, logró publicar “El caudillo de las manos rojas.” Conoció a Julia Espín, de quien se enamoró pero ella no le correspondía. Luego amó a Elisa Guillén, quien lo abandonó. Los amores fracasados se ven reflejados en varias composiciones poéticas.

En 1859 Bécquer terminó un sainete, Las distracciones. El año después se estrenaron Tal para cual y La cruz del valle, y se publicaron algunas de sus “Rimas.” También en 1860 Bécquer comenzó a publicar en El contemporáneo las Cartas literarias a una mujer, dedicadas a otra mujer que no le correspondía. En 1861 Bécquer se casó con Casta Esteban, con quien tuvo dos hijos. Las fracasadas experiencias amorosas del poeta–parece que el matrimonio le proporcionó poca felicidad–le llevaron a escribir algunos de sus versos mas apasionados y hermosos. Las Rimas pueden leerse como la historia de un amor fracasado, desde su inicio hasta el momento en que la arrebatada pasión se convierte en el duro dolor de haber amado.

En los años siguientes Bécquer publicó varias de sus rimas y leyendas. Llegó a escribir un total de 86 Rimas–publicadas primero en diversas revistas y luego recopiladas en un manuscrito que se perdió durante la Revolución de 1868. Bécquer volvió a reunirlas en un cuaderno bajo el título El libro de los gorriones, “poesías que recuerdo del libro perdido.” (Este cuaderno se conserva en la Biblioteca Nacional en Madrid.) Después de la muerte del poeta una colección de todas las rimas fue publicada por algunos amigos, en 1871.

Bécquer pasó tiempos de gran penuria y nunca logró éxito económico en su vida. En 1864 consiguió un puesto gubernatal como censor de novelas, que ocuparía entre 1864-65 y luego entre 1866-68 y que aliviaría un poco su situación económica. Comenzó a escribir las Cartas desde mi celda en 1864, durante una estancia de reposo en el monasterio de Veruela, donde el poeta se había refugiado para reponerse después de otro ataque de tuberculosis.

El matrimonio de Bécquer fracasó en 1868 cuando el poeta se enteró de la infidelidad de su esposa. Acompañado de sus dos hijos, fue a Toledo a vivir con su hermano. El poeta llegó a ser director de la Ilustración de Madrid en 1870, puesto que ocuparía por poco tiempo. Enfermizo por toda la vida, Gustavo Adolfo Bécquer se murió de la llamada “enfermedad romántica,” la tuberculosis, a la edad de 34 años.

Cronológicamente Bécquer pertenece al período posromántico en España en que dominaba el realismo. Su obra, sin embargo, representa una evolución del movimiento romántico en su país. Sus temas predilectos–el amor, la magia, el exotismo, la Edad Media–muestran su entronque con el Romanticismo, pero sus versos carecen del tono rimbombante y del sentimentalismo exagerado generalmente asociados con ese movimiento. En sus 28 “leyendas” se observan varios rasgos románticos, como los temas del amor imposible, la soledad y la miseria, el tono misterioso y el interés en lo sobrenatural, lo exótico y lo costumbrista. El paisaje, que apenas existe en las Rimas, adquiere un énfasis especial en las Leyendas. Pero en ambos géneros, el mundo exterior no existe sino en relación con el alma del autor.

Para Bécquer, el poema era un vehículo mediante el cual se intentaba comunicar una belleza inefable e ideal, como indican sus versos famosísimos “Puede no haber poetas, pero siempre / habrá poesía.” La musicalidad y aparente sencillez formal de sus versos radican en el interés que tenía Bécquer en la nueva lírica alemana, sobre todo en la de Heine, cuya obra había sido traducida al español por dos amigos de Bécquer, Augusto Ferrán y Eulogio Florentino Sanz. El lirismo intimista y la síntesis de métrica y contenido afectivo que se observan en la poesía de Bécquer son una herencia directa de su lectura de Heine. Bécquer rechazó todo artificio retórico, porque quería que la forma de sus versos naciera de su contenido, y que la inspiración y la razón se encadenaran en ellos. Para Bécquer, el poema representaba “la memoria viva” del sentido: “escribo como quien copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.”

Uno de los críticos contemporáneos de Bécquer, el poeta Núñez de Arce, llamó despectivamente a las Rimas “suspirillos germánicos.” El novelista Juan Valera calificó las Rimas de “ayuntamiento monstruoso de los lieder alemanes con las seguidillas y coplas de fandango andaluzas.” Pero aunque los poetas contemporáneos no apreciaban la poesía simbolista y sumamente subjetiva de Bécquer, ésta influyó notablemente en la obra de muchos de los poetas del siglo XX, como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Rafael Alberti y Luis Cernuda. Los modernistas del siglo XX vieron en la obra de Bécquer un modelo para su propia poesía. Dámaso Alonso llamó a Bécquer el “primer poeta contemporáneo” de la Generación del 27.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Gustavo_Adolfo_Bécquer


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